Han acumulado carbono durante decenas de miles de años, evitando su liberación a la atmósfera. Aunque forman parte del paisaje característico de la Patagonia y el altiplano, las turberas son ecosistemas extremadamente frágiles. En un nuevo Día Mundial del Clima, su valor ambiental y estratégico cobra más relevancia que nunca.
Muchas veces pasan desapercibidas en los paisajes del altiplano o el sur de Chile. Sin embargo, las turberas cumplen una tarea silenciosa y decisiva para el planeta, ya que durante miles de años han almacenado carbono en sus suelos, evitando su liberación a la atmósfera y ayudando así a enfrentar la crisis climática.
Su importancia es enorme. A escala global, se estima que almacenan cerca de un tercio del carbono presente en los suelos del planeta. En Chile, en tanto, guardan alrededor de 4,8 gigatoneladas de carbono, acumuladas durante más de 18 mil años.
Pero su aporte no termina ahí. También cumplen un rol clave en la regulación del agua, ya que ayudan a reducir inundaciones, sequías e incluso la intrusión de aguas marinas. Por eso, más que paisajes remotos, las turberas son una infraestructura natural fundamental para el equilibrio climático y la protección del territorio.

Presentes en distintas regiones del mundo y en variados paisajes, las turberas son ecosistemas de gran valor, pero también altamente frágiles. En Chile, son consideradas vegas o bofedales, cuando se degradan, dejan de cumplir su función protectora y comienzan a liberar el carbono que han retenido durante siglos. A nivel global, se estima que su deterioro genera cerca de 2.000 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, lo que representa alrededor del 4% de las emisiones provocadas por la actividad humana.
Cómo Chile busca protegerlas
En Chile, esa protección ha comenzado a fortalecerse. La Ley N° 21.660, sobre protección ambiental de las turberas, las reconocen como reservas estratégicas para enfrentar el cambio climático, regular el agua, conservar la biodiversidad y resguardar los múltiples beneficios que entregan a los ecosistemas y a las personas.

Por eso, se prohíbe la extracción de turba (la materia orgánica vegetal parcialmente descompuesta que permanece sumergida) en todo el país y permite únicamente el manejo sustentable del musgo Sphagnum magellanicum, conocido como pompón, bajo condiciones reguladas por el Estado. Es decir, el nuevo marco legal deja atrás una mirada centrada en el aprovechamiento del musgo y avanza hacia la protección de la turbera como ecosistema, de esta manera no constituirá alteración física de las turberas el manejo sustentable de la cubierta vegetal que se efectúe de acuerdo a un plan de manejo, conforme a lo establecido en dicha ley y su reglamento.
Bajo ese escenario, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) cumple un relevante rol en su resguardo. El SBAP entregará un informe favorable previo a la aprobación del plan de manejo por parte del SAG y, además, tendrá funciones de fiscalización y sanción en el cumplimiento de esta normativa, dentro del ámbito de sus competencias.
A ello se suman otras herramientas del Servicio tales como instrumentos de conservación, restauración, monitoreo y uso sustentable aplicables a estos ecosistemas, también comprometidas en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), consolidando su rol como soluciones basadas en la naturaleza frente al cambio climático. Asimismo, el Código de Aguas establece la prohibición de construir sistemas de drenaje en turberas identificadas en el Inventario Nacional de Humedales, resguardando su integridad hidrológica.

“Las turberas son ecosistemas estratégicos para enfrentar la crisis climática y resguardar funciones clave como la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono. La Ley de Turberas reconoce este valor y establece un marco para su manejo sustentable, avanzando hacia una mirada ecosistémica, contribuyendo tanto a su resguardo como al desarrollo local. Como SBAP, nuestro rol es aportar desde la gestión, el conocimiento técnico y la articulación de instrumentos de conservación, para asegurar su protección y uso responsable en el largo plazo”, destaca Contanza Troppa, jefa de la División de Biodiversidad en el SBAP.
Durante miles de años, las turberas han hecho en silencio un trabajo esencial para el planeta. Hoy, cuando la crisis climática exige respuestas urgentes, su protección es una de las formas más concretas de cuidar el clima, el agua y la vida en Chile y el planeta.