La aprobación del plan de manejo del Área de Conservación de Múltiples Usos (ACMU) Seno Almirantazgo marcó un importante paso en la instalación del SBAP en la región. En este vasto territorio de Tierra del Fuego, al final del mundo, conviven glaciares, bosques de huiro, bancos naturales de ostión del sur, elefantes marinos y la única colonia conocida de albatros de ceja negra que nidifica en aguas interiores.
En un pequeño islote del Seno Almirantazgo, al sur de Tierra del Fuego, sobrevive una rareza de escala mundial. Allí nidifica la única colonia conocida de albatros de ceja negra que habita en aguas interiores, una singularidad descrita por primera vez en 2003 y que, desde entonces, ha convertido a este rincón austral en un punto de gran interés para la ciencia y la conservación. No es sólo una postal remota de la Patagonia, sino uno de esos lugares donde la biodiversidad obliga a mirar con más atención y a tomar decisiones de largo plazo.
De esa dimensión es el paso que dio el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) en Magallanes. Con aprobación del plan de manejo del Área de Conservación de Múltiples Usos (ACMU) Seno Almirantazgo (registrada oficialmente el 30 de enero de 2026) se ordenará la gestión del área y fortalecerá su conservación bajo la nueva institucionalidad ambiental. El avance coincide con la entrada en operaciones del SBAP en la región, que desde el 1 de febrero comenzó a administrar y gestionar las ACMU Seno Almirantazgo y Francisco Coloane, inaugurando una etapa que busca dejar atrás la dispersión institucional y avanzar hacia un modelo especializado, integrado y con proyección de largo plazo.
No es un detalle administrativo. Bajo la Ley N° 21.600, las ACMU son espacios donde la relación histórica entre las personas y la naturaleza tiene un valor que debe resguardarse, precisamente a través de un manejo integrado que asegure el uso sustentable de los recursos naturales y de los servicios ecosistémicos. Es decir, no se trata de no tocar el territorio, sino de otorgar las reglas claras para compatibilizar conservación, conocimiento y actividades humanas que pueden desarrollarse de manera responsable.

En el caso del Seno Almirantazgo, la escala del desafío impresiona. El área se emplaza en la costa sudoccidental de la Isla Grande de Tierra del Fuego, tiene una extensión aproximada de 80 kilómetros y una superficie oficial de 76.400 hectáreas. Está protegida desde 2018 y destaca por su alta productividad biológica, su riqueza de especies y su valor para la conservación marina en la zona austral. Allí, convergen paisajes sobrecogedores y procesos ecológicos decisivos para especies emblemáticas y para actividades como la pesca artesanal, el turismo de intereses especiales y la investigación científica.
Ahora, con este plan de manejo se identificó con precisión aquello que el Estado está llamado a cuidar para las futuras generaciones. Entre sus objetos de protección figuran las áreas de descanso, alimentación y reproducción de la foca leopardo; la colonia reproductiva y área de alimentación del albatros de ceja negra; las zonas de descanso, muda y reproducción del elefante marino del sur; los bancos naturales de ostión del sur en los fiordos Parry y Ainsworth; los bosques de huiro; los hábitats proglaciales marinos de las bahías Parry, Ainsworth y Brookes, y los sitios de ocupación y tránsito históricos y culturales. Visto en toda su magnitud, Seno Almirantazgo protege una red viva de relaciones ecológicas y humanas que hacen de este territorio una pieza clave de la Patagonia y el mundo.
Conservación moderna
La historia del albatros sintetiza bien esa complejidad. La cercanía del islote a la costa ha facilitado la investigación y también el turismo de intereses especiales, pero esa misma fragilidad ha obligado a mantener una vigilancia constante. La Wildlife Conservation Society (WCS) Chile lleva más de una década monitoreando esta colonia y ha advertido diferentes amenazas. Por ello, el valor del plan de manejo no está solo en ordenar el rol del Estado, sino en transformar ese conocimiento acumulado durante años en acciones concretas de conservación real.

“El SBAP en Magallanes comenzó a administrar y gestionar estas dos áreas. Hoy ya tenemos activos los canales oficiales de consultas OIRS y está habilitada la sección de trámites en nuestra página web, donde los usuarios de estas ACMU podrán realizar sus trámites directamente”, señaló el director regional del SBAP en Magallanes, Alejandro Fernández.
El panorama regional se completa con otra área emblemática. Se trata del ACMU Francisco Coloane, también administrada por el SBAP desde febrero. Ubicada en el brazo occidental del estrecho de Magallanes, esta zona posee un valor excepcional porque alberga el único sitio de alimentación conocido de la ballena jorobada fuera de las aguas antárticas. A ellas se suman colonias reproductivas de lobo marino común, pingüino de Magallanes y extensas praderas de macroalgas, siendo uno de los espacios marinos más relevantes de Sudamérica para la biodiversidad y el turismo de naturaleza.
El esfuerzo del SBAP en Magallanes no es menor. Se trata de administrar territorios donde la biodiversidad no solo tiene un valor ecológico, sino también científico, cultural y económico. La instalación del Servicio abre la posibilidad de una gestión más coherente, con instrumentos propios, prioridades claras y una mirada de largo plazo sobre ecosistemas especialmente sensibles frente a la actividad humana y al cambio climático. Las otras áreas protegidas de la región, en tanto, serán transferidas de manera paulatina durante este año, en un proceso que deberá equilibrar exigencias operacionales, visitación y continuidad de gestión.

“En una región donde la naturaleza define identidad y futuro, la aprobación del plan de manejo del Seno Almirantazgo tiene un valor que va más allá de la burocracia. Es una señal concreta de que la nueva institucionalidad ambiental comienza a desplegarse sobre el terreno”, enfatiza Fernández. Y lo hace en uno de los lugares más extraordinarios del país: un fiordo austral donde anidan albatros únicos en el mundo, donde descansan elefantes marinos y donde la conservación ya no puede depender sólo de buenas intenciones, sino de reglas, gestión y presencia efectiva del Estado.